Chiste

En una piscina un socorrista ve a un bañista que está haciendo pis y le dice:

-Está prohibido hacer pis en la piscina. Le dijo el socorrista.

-Todo el mundo hace pis. Le respondió.

-Ya pero no desde el trampolín. Le dijo el socorrista.

           David García González 6º.

En un viejo y grande lago vivía Fermín el pato. Fermín era un pato pequeño, delgaducho y con unos grandes ojos negros. Él nunca llevaba camisa ni pantalones, lo que le gustaba eran las pajaritas de diferentes colores.

Cuando Fermín fue al lago a nadar se encontró con una pata que le llamó la atención. Esa pata era bastante pequeña y lavaba un precioso vestido rosa. Él se acercó y le preguntó: -¿Cómo te llamas?- Entonces ella contestó: -Yo me llamo Clementina, ¿y tú? Y él pato contestó: -Yo Fermín.

En cuanto se conocieron, Fermín sabía que estaba enamorado de ella y por eso él le preguntó: -¿Quieres ser mi novia? Y ella contestó: -Claro que sí- Cuando el oyó ese sí, se quedó paralizado tanto que estuvo así una semana una semana.

Pasados unos años aquel pato pequeño y delgaducho se había enamorado mucho, y por eso le dijo a Clementina: -¿Me harías el honor de ser mi esposa?- Y sin ninguna duda ella contestó: -Por supuesto Fermincito mío-

Cuando sus padres se enteraron fueron como locos a prepararlo todo. En cuanto estuvo todo listo se casaron.

Después de casarse pasaron meses y Clementina había tenido una patita que llamarón Cleopatra.

Alexandra Suárez Dorta

Fermín el pato

El Infinito Despertar

Dormí y dormí y al despertar la casa estaba al revés, intentaba creer que era una pesadilla.

Pero al entrar en la cocina vi una luz capaz de ofuscar a un gato.

Creía que era un sueño que llegaba a su fin.

Pero al contemplarla mis ojos, mi rostro quede atrapado en un tornado de confusión interminable.

Mi cabeza era una bomba de relojería a punto de estallar.

 Yo estaba creyendo aun que el sueño iba a llegar a su fin.

Reflexionar era lo único que podía hacer.

De pronto desperté en un desierto

¿Qué  estaba pasando?

Mi cara entristecida no superaba mi hambre de pozo sin fondo.

 Al volver a despertar me encontré en mi habitación.

Miré a mi alrededor solo estaba yo .

Sería un sueño.

Miré asustado hacia arriba y a los lados.

Solo quedaba un sitio por mirar:

El sótano quién sabe que me esperaría en aquel tenebroso lugar.

De repente, algún extraño ser se avalanzó sobre mí.

Y desde ese momento la puerta se cerró.

Lo último que vi fue la chapa de mi pobre perro Eskippi.