Un día rarísimo

Un día, Esther se quedó a dormir en casa de Estela.

Nos quedamos toda la noche despiertas y cuando nos dimos cuenta teníamos las Tablets debajo de la almohada. Estuvimos jugando hasta las 4:00 de la mañana y luego fuimos a la sala y nos quedamos a ver la tele hasta las 5:00, nos fuimos a la cama y nos contamos chistes, nos hicimos cosquillas y contamos historias…

Por la mañana nos despertamos muy cansadas y nos pareció que… ¡habíamos encogido!

Para bajar de la cama, tuvimos que tirar la almohada al suelo.

Luego bajamos las escaleras y en la cocina, nos subimos a la mesa y cogimos un cereal que se había caído del bol.

Luego nos colamos en el coche de mi madre, y cuando pasamos por el colegio… ¡saltamos! Por suerte no nos hicimos daño.

Cuando llegamos a clase, tocaba Matemáticas, como nadie nos veía, nos metimos por la oreja de Amor, nuestra profesora de Mates.

Entonces nos resbalamos y rodamos por todo el cuerpo, hasta llegar a los pulmones. También, nos encontramos con el estómago. Luego seguimos caminando. Lo que menos nos gustó de todo el cuerpo fue el cerebro, nos dio mucho asco.

Caminamos y caminamos, y encontramos un túnel parecido a un tobogán, nos tiramos por esa cosa y por el centro había una cosa blanca, eran los huesos. Cuando llegamos abajo nos dimos cuenta de que era el pie. No sabíamos cómo subir, cuando de pronto nos pusimos a ver los huesos y tuvimos una idea:

¡Podríamos subir por los huesos!

Cuando llegamos arriba, nos pusimos a buscar la oreja.

¡No la encontrábamos!

Luego vimos el cerebro y corrimos hasta la salida, que era la oreja.

Cuando salimos nos pusimos muy contentas, habíamos vuelto a la normalidad.

Esther De la Vega Pérez y Estela Fernández Trujillo de 5º.

La tarde en el P.I.T.

Estoy en el P.I.T., en el Maxi Dance, empieza a moverse y siento una presión en el pecho, el cinturón se mueve, cierro los ojos y aprieto los dientes. Estoy unos dos minutos subido, se me sube la comida al cuello y siento una adrenalina brutal, y de repente… se para. Y siento alivio y alegría por haberme montado. ¡Ha sido una locura!

Javier Pérez Rodríguez

Yo y la niña del Exorcista

El 5 de febrero de 2012 mi madre se fue a casa de mi prima a llevarla al médico, me quedé solo porque no cabía en el coche. Yo me puse a jugar a la Playstation cuando, de repente, escuché un ruido en el sótano, bajé con un cuchillo por si acaso, pero no había nada. Subiendo escuché un ruido y era una niña con la cabeza retorcida, cuando me di cuenta que es la niña del exorcista rápidamente le clave el cuchillo en el corazón. Menos mal que llegó mi madre, le conté todo lo que había pasado y sentí mucho miedo.

Daniel González González

 

 

La lancha en el mar

Estoy en el mar con una  lancha en el océano pacífico. Me han contado que hay un montón de tiburones. Pero no me lo creo, y si hubiera tampoco pasaba nada. Y oigo un chasquido, y se escucha una especie de chapoteo, me siento inquieto, y con miedo. Acelero la lancha y, de repente, un tiburón da un salto por encima de mi lancha. Entonces empecé a sudar y me asuste de verdad y puse rumbo a la costa a toda velocidad, y conseguí  llegar. ¡Menos mal!

Javier Pérez Rodríguez

Sensación Emocionante en el Ascensor

Entro en un edificio, para ir a visitar a mi amiga, tengo que subir varios escalones, y he decidido coger el ascensor. Toco el botón, entro y pulso el número doce, el ascensor va subiendo rápidamente cuando de repente… ¡PUM!, se paró, me caí bruscamente al suelo, me sentía asustada y sin saber lo que hacer. Toqué todos los botones y ninguno funcionaba, a medida que iba pasando el tiempo, me estaba mareando, casi no podía respirar y tenía mucho calor casi sin fuerza golpeé la puerta pero no se habría.

Pasaron varios minutos y me sentía fatal, hasta que oí un ruido en la puerta, que me dijo:

-¿¡Estas bien!?

Con voz muy desesperada. Y yo le respondí:

-Ábreme por favor, me encuentro muy mal.

Con una palanca, abrió la puerta. Unos hombres me pusieron en una camilla, me lavaron la cara y me preguntaron qué había pasado, yo respondí.

Mi amiga se enteró de todo y subió rápidamente.

Así ha sido el peor día de mi vida.

Marina Hernández Fierro

El peor día de mi vida

Entro en un edificio, para ir a visitar a mi amiga, tengo que subir varios escalones, y he decidido coger el ascensor. Toco el botón, entro y pulso el número doce, el ascensor va subiendo rápidamente cuando de repente… ¡PUM!, se paró, me caí bruscamente al suelo, me sentía asustada y sin saber lo que hacer. Toqué todos los botones y ninguno funcionaba, a medida que iba pasando el tiempo, me estaba mareando, casi no podía respirar y tenía mucho calor casi sin fuerza golpeé la puerta pero no se habría.

Pasaron varios minutos y me sentía fatal, hasta que oí un ruido en la puerta, que me dijo:

-¿¡Estas bien!?, con voz muy desesperada. Y yo le respondí:

-Ábreme por favor, me encuentro muy mal.

Con una palanca, abrió la puerta. Unos hombres me pusieron en una camilla, me lavaron la cara y me preguntaron qué había pasado, yo respondí.

Mi amiga se enteró de todo y subió rápidamente. Así ha sido el peor día de mi vida.

Marina Hernández Fierro

Un sueño real

Me he perdido en una ciudad que no conozco. Veo una señal que pone Villa Real. Esta como desierto. Las casas de madera y rotas, parecen abandonadas. Los árboles viejos y sin hojas, los bancos de madera  rotos, con clavos sueltos. Los columpios arrullándose como si alguien hubiera estado ahí hace cinco minutos.

Hace mucho calor, me siento aturdida, y la verdad es que perdida. Veo una sombra pasar, yo, en vez de huir, le perseguí. Era un hombre alto, de complexión fuerte, no le pude ver el rostro así que no supe cómo era. Vestía de negro y tenía la cara tapada por un pasamontañas.

Mientras corría le gritaba: -¡para, ayúdame me he perdido!- Me detuve agotada y ya no veía a ese hombre tan misterioso. Un grupo de seis o cinco personas venían hacia mí, yo asustada intenté irme pero no pude había un muro de piedra.  Entonces cerré los ojos y, de repente, cuando los abrí ya no había nadie.

Vi al hombre misterioso se iba a quitar la máscara y… ¡me desperté! Mi madre me estaba llamando para desayunar, al parecer todo había sido un sueño, me siento alegre y muy extrañada, parecía tan real. Aunque me hubiese gustado saber quién era el hombre misterioso, supongo que nunca lo sabré.

                                                   Laura Ramos

 

El Ogro

Estoy en una montaña, tengo frío y los cuervos están al asecho, hay un ogro persiguiéndome y quiere comerme. Aquí no hay cobertura y no puedo escapar, la única salida está cubierta por el ogro. Estoy escondido en el precipicio y tengo mucho vértigo, se oyen gritos de humanos aterrorizados.

De repente, apareció el ogro detrás de mí y me asuste, entonces olio mi miedo y me atrapó. Me llevó a su casa en la colina y me encerró en la jaula de su pájaro.

Hay un montón de huesos rotos en el suelo y cuando caminaba sentía el chasquido de éstos rompiéndose en mi cara, ese sitio me da mucho miedo. El ogro volvió y empezó a hervir agua, se volvió a ir y cuando regreso trajo más prisioneros y los puso conmigo.

Los nuevos prisioneros eran soldados que querían matar al ogro. Le habían disparado con un cañón en el hombro y el ogro  empezó a coger prisioneros, los cortó a la mitad y empezó a meterlos en el agua hirviendo.

El ogro se fue otra vez y dejó la puerta abierta, los que quedamos decidimos hacer una escalera humana y escapar de allí hacia el pueblo. Cuando el ogro volvió no había nadie, entonces decidió llamar a sus hermanos los minotauros y atacar la ciudad. Ya los soldados se lo esperaban, pero no que fueran veinte minotauros y un ogro.

El ejército tiene tres cañones y treinta soldados bien armados a cada entrada de la ciudad. Los minotauros atacaron  al atardecer, yo tuve miedo, pero los soldados salieron corriendo. Entonces lo único que podía hacer era esconderme, conseguir armas y comida para sobrevivir en las catacumbas. El ogro persiguió y mató a los soldados que intentaron escapar. Cuando todo se calmó, los hombres del pueblo recogimos los cuerpos y volvimos a nuestras casas.

El ogro desde la colina vio como mataban a tres de sus hermanos y no quiso volver nunca más al pueblo. Ganó la guerra pero a un alto precio.

 

Pablo García Expósito

Diario de abordo

        13 de octubre de 1900

Hoy he estado en la playa de Tagana donde la arena  de la playa era amarilla como el sol y sus aguas cristalinas como tenia sueño me acosté bajo la sombrilla. Cuando me desperté  solo veía madera vieja y roñosa me he levantado  y he oído voces provenientes de  arriba. Tengo miedo hambre y frio. No sé qué hacer.

14 de octubre de 1900

Unos hombres han abierto la puerta, tienen unas vestimentas muy raras, como  pantalones rotos, camisas cortas y sables. ¡Eran piratas! Cuando me di cuenta estaba en un barco, rápidamente miré de norte a sur y de este a oeste, pero ni rastro de tierra.

He tenido un plan para escapar. Los tontos que me raptaron también me han traído mi bandolera en la que tengo: hilo anzuelos y palos. Ya es de noche, tengo frio, hambre y estoy inseguro. Le he echado agallas y he ido a coger un bote, unos guardias están jugando a las cartas y el capitán debe estar durmiendo en su camarote. He conseguido el bote. Ya estoy muy lejos de ellos.

15 de octubre de  1900

 Gracias a la brújula me puedo orientar pero me duelen las manos de tanto remar y tengo hambre, necesito comer algo. Con el palo, el hilo y los anzuelos he hecho una caña. No pesco nada pero recuerdo lo que me decía mi padre: “el arte de pescar solo se domina con la paciencia”. Un rato después algo había picado, era una enorme boga. La tiré a la barca y le di un fuerte golpe en la cabeza para matarla. Ese día comí muy bien. Recupere las fuerzas y empecé a remar pero no era el único que tenía fuerzas, los piratas se habían dado cuenta de que me había escapado. Por suerte los conseguí despistar sorteando unas rocas. Ya se ve la costa he llegado a la playa. ¡¡Uff!! esto sí ha sido una sensación emocionante.

 

Alejandro García Mesa

Las aventuras de Jack Sparrow

Hoy nos vamos a meter en el cuerpo de Jack Sparrow para ver cómo se siente siendo un pirata:

Sábado 27 de noviembre de 1910:

Me encuentro en alta mar, navegando con mi tripulación, a bordo del King Pirate. Está lloviendo, tengo frío. Ponemos rumbo a una isla desconocida perdida en El Atlántico, me asomo a popa y veo tiburones muy grandes y hambrientos, tengo miedo, pero nada me detiene. De pronto, mi tripulación y yo vemos una isla en el horizonte. Grito:

-¡Tierraaaaaaaa!

Anclamos en esa extraña isla. Vemos un gracioso duende errante de la isla Jss, es verde, tiene un sombrero verde, y en vez de zapatos tiene herraduras. Está tieso, no habla

Que extraño…

Continuamos el viaje, a más o menos cinco minutos vemos una entrada a un castillo de piedra. Parece que nos miran, da una sensación extraña. Cuando entramos al castillo sacamos las espadas, porque no sabíamos que iba a pasar. Después de subir las escaleras nos asomamos a una ventana y vemos otro barco pirata, su bandera  es extraña, como de un gato persiguiendo a un ratón. En cinco minutos estábamos ya en el barco, subimos al camarote y vimos cuatro piratas armados hasta los dientes, así empezó una batalla de piratas. Los Bandidos De Mar vs. Los Ballestas, así se llamaban. Esquivé una flecha por los pelos. De pronto, vemos algo que se mueve. ¡El duende que parecía petrificado! De repente, todo se detiene. Tiene un tesoro en las manos, lo abro y…

Samuel Dévora Figueroa

Sergio Torres Fajardo

Jaume Izquierdo Pérez

Sensación Emocionante

Tengo 20 años y me voy a Madrid a estudiar música. Me subo al avión y siento pánico, miedo y no sé qué hacer.

Tengo calor y por eso he puesto el aire acondicionado. Llego a Madrid, no conozco a nadie, llueve y no viene el taxi al que he llamado. Me bebo un café calentito con una magdalena de fresa hasta que llega el taxi, subo las maletas y después me subo yo.

Entro en la ciudad está todo lleno de personas que no conozco. La ciudad está llena de edificios grandes y pequeños. Hay pocos árboles y pienso, ¿qué hago aquí? Al final creo que me acostumbraré.

 Juan Abraham Ramos Galván

Las manos frías

                 

Voy a ir a comprar al supermercado de la calle que está detrás. Vivo en el útil piso tercero. Digo útil porque tengo muchas cosas que me ayudan a poder vivir. A lo que íbamos, estoy cogiendo el ascensor. Tengo un bastón blanco que siempre llevo encima. He llegado a la puerta. Salgo y veo otro color en la oscuridad del día y la noche. Siento aire que cubre mi pálido rostro. Oigo muchos pasos que se  acercan  y también oigo coches que frenan para no chocar. Tengo que cruzar una calle que me han dicho cómo se llama,  pero ahora no me acuerdo. Siento alguien que me coge, tiene  las manos frías como el hielo, pero lo primero que pienso es que me va a ayudar a cruzar la calle no se qué. He llegado a la entrada del supermercado, entro y dejo de sentir esas manos heladas, se alejan con rapidez. Me imagino que era una pequeña niña rubia con ojos verdes y ropa suave como la seda.

                                                                                                          L.A.M

El Perro

Un día después de cenar vi el hormiguero y me fui a acostar y empecé a recordar de cuando era pequeño; iba con unos amigos por la calle y vi un perro que estaba desnutrido, abandonado y muy malito. Un poco mas allá vimos un cartel donde ponía “SE BUSCA UN PERRO” con la misma imagen del perro.

No paso ni un segundo le dije a mi tío ¿Ese no era el perro que estaba allí? Y él me contestó que sí, entonces marcó el número y llamó, al principio no lo cogian pero después de un par de llamadas contestaron, el dueño del perro preguntó quien era mi tío, y le contó toda la historia. Lle dijo que habíamos encontrado al perro, él se alegro mucho. Después cuando vino a buscarle nos iba a dar 50 € y nosotros no los aceptábamos porque le estábamos ayudándo, y esta ha sido la historia del perro desnutrido.

                                                J.G.R.

Hace dos semanas me he quedado ciega

Hace dos semanas me he quedado ciega, he estado en el hospital, pero hoy he llegado a mi casa, he empezado a caminar con mi nuevo perro. Mañana iré al colegio y no sé  cómo lo pasaré. Voy a necesitar ayuda para moverme por el colegio.

 Hoy al llegar al colegio oigo muchas voces, huelo a algo sucio, me pregunto si serán los baños. Ya llevo tres horas en el colegio y me pregunto cómo bajares las escaleras. Ha sonado el timbre, mi acompañante me conduce hasta las escaleras, pero él tenía tantas ganas de salir al patio  que se olvidó de decirme que había un escalón, me resbalo, siento como me golpean los escalones en la cabeza, siento un escalofrío y me duermo.

                                                                                                                     I.C.D

Mis Sensaciones

 

-Buenos días, estamos en el festival, primero los de sexto harán una obra…

Esas fueron las voces de los presentadores del colegio. Pero había algo que me preocupaba, ¡ahora me tocaba a mí salir al escenario!, estaba nerviosa, demasiado nerviosa para ser exactos.

-Adelante chicos de sexto.

Otra vez sus voces, pero esta vez señalaban el comienzo de la obra.

La obra iba de una niña a la que siempre pegaban mucho los demás. Ella no se defendía ni se lo decía a su profesora. Hasta que un día empezó a cantar sobre la paz, todo el mundo desconocía esa palabra. Los demás niños al oír la bella canción se sintieron culpables por a ver maltratado a la niña. Desde ese momento los niños nunca más le pegaron.

Cuando acabó la obra todo el mundo aplaudió como locos. Menos mal, nos había salido estupendamente. Después todos los profesores nos felicitaron por nuestra obra. Me sentía radiante, como los rayos del sol de la aurora, era casi inmejorable, sentía que había hecho algo bien, los nervios se me habían ido, tenía muchas ganas de gritar de felicidad. Pero, aparte de mi felicidad, lo importante es que todos seguimos luchando por un mundo mejor.

A.H.S.