El Ogro

Estoy en una montaña, tengo frío y los cuervos están al asecho, hay un ogro persiguiéndome y quiere comerme. Aquí no hay cobertura y no puedo escapar, la única salida está cubierta por el ogro. Estoy escondido en el precipicio y tengo mucho vértigo, se oyen gritos de humanos aterrorizados.

De repente, apareció el ogro detrás de mí y me asuste, entonces olio mi miedo y me atrapó. Me llevó a su casa en la colina y me encerró en la jaula de su pájaro.

Hay un montón de huesos rotos en el suelo y cuando caminaba sentía el chasquido de éstos rompiéndose en mi cara, ese sitio me da mucho miedo. El ogro volvió y empezó a hervir agua, se volvió a ir y cuando regreso trajo más prisioneros y los puso conmigo.

Los nuevos prisioneros eran soldados que querían matar al ogro. Le habían disparado con un cañón en el hombro y el ogro  empezó a coger prisioneros, los cortó a la mitad y empezó a meterlos en el agua hirviendo.

El ogro se fue otra vez y dejó la puerta abierta, los que quedamos decidimos hacer una escalera humana y escapar de allí hacia el pueblo. Cuando el ogro volvió no había nadie, entonces decidió llamar a sus hermanos los minotauros y atacar la ciudad. Ya los soldados se lo esperaban, pero no que fueran veinte minotauros y un ogro.

El ejército tiene tres cañones y treinta soldados bien armados a cada entrada de la ciudad. Los minotauros atacaron  al atardecer, yo tuve miedo, pero los soldados salieron corriendo. Entonces lo único que podía hacer era esconderme, conseguir armas y comida para sobrevivir en las catacumbas. El ogro persiguió y mató a los soldados que intentaron escapar. Cuando todo se calmó, los hombres del pueblo recogimos los cuerpos y volvimos a nuestras casas.

El ogro desde la colina vio como mataban a tres de sus hermanos y no quiso volver nunca más al pueblo. Ganó la guerra pero a un alto precio.

 

Pablo García Expósito

Diario de abordo

        13 de octubre de 1900

Hoy he estado en la playa de Tagana donde la arena  de la playa era amarilla como el sol y sus aguas cristalinas como tenia sueño me acosté bajo la sombrilla. Cuando me desperté  solo veía madera vieja y roñosa me he levantado  y he oído voces provenientes de  arriba. Tengo miedo hambre y frio. No sé qué hacer.

14 de octubre de 1900

Unos hombres han abierto la puerta, tienen unas vestimentas muy raras, como  pantalones rotos, camisas cortas y sables. ¡Eran piratas! Cuando me di cuenta estaba en un barco, rápidamente miré de norte a sur y de este a oeste, pero ni rastro de tierra.

He tenido un plan para escapar. Los tontos que me raptaron también me han traído mi bandolera en la que tengo: hilo anzuelos y palos. Ya es de noche, tengo frio, hambre y estoy inseguro. Le he echado agallas y he ido a coger un bote, unos guardias están jugando a las cartas y el capitán debe estar durmiendo en su camarote. He conseguido el bote. Ya estoy muy lejos de ellos.

15 de octubre de  1900

 Gracias a la brújula me puedo orientar pero me duelen las manos de tanto remar y tengo hambre, necesito comer algo. Con el palo, el hilo y los anzuelos he hecho una caña. No pesco nada pero recuerdo lo que me decía mi padre: “el arte de pescar solo se domina con la paciencia”. Un rato después algo había picado, era una enorme boga. La tiré a la barca y le di un fuerte golpe en la cabeza para matarla. Ese día comí muy bien. Recupere las fuerzas y empecé a remar pero no era el único que tenía fuerzas, los piratas se habían dado cuenta de que me había escapado. Por suerte los conseguí despistar sorteando unas rocas. Ya se ve la costa he llegado a la playa. ¡¡Uff!! esto sí ha sido una sensación emocionante.

 

Alejandro García Mesa

Las aventuras de Jack Sparrow

Hoy nos vamos a meter en el cuerpo de Jack Sparrow para ver cómo se siente siendo un pirata:

Sábado 27 de noviembre de 1910:

Me encuentro en alta mar, navegando con mi tripulación, a bordo del King Pirate. Está lloviendo, tengo frío. Ponemos rumbo a una isla desconocida perdida en El Atlántico, me asomo a popa y veo tiburones muy grandes y hambrientos, tengo miedo, pero nada me detiene. De pronto, mi tripulación y yo vemos una isla en el horizonte. Grito:

-¡Tierraaaaaaaa!

Anclamos en esa extraña isla. Vemos un gracioso duende errante de la isla Jss, es verde, tiene un sombrero verde, y en vez de zapatos tiene herraduras. Está tieso, no habla

Que extraño…

Continuamos el viaje, a más o menos cinco minutos vemos una entrada a un castillo de piedra. Parece que nos miran, da una sensación extraña. Cuando entramos al castillo sacamos las espadas, porque no sabíamos que iba a pasar. Después de subir las escaleras nos asomamos a una ventana y vemos otro barco pirata, su bandera  es extraña, como de un gato persiguiendo a un ratón. En cinco minutos estábamos ya en el barco, subimos al camarote y vimos cuatro piratas armados hasta los dientes, así empezó una batalla de piratas. Los Bandidos De Mar vs. Los Ballestas, así se llamaban. Esquivé una flecha por los pelos. De pronto, vemos algo que se mueve. ¡El duende que parecía petrificado! De repente, todo se detiene. Tiene un tesoro en las manos, lo abro y…

Samuel Dévora Figueroa

Sergio Torres Fajardo

Jaume Izquierdo Pérez

Sensación Emocionante

Tengo 20 años y me voy a Madrid a estudiar música. Me subo al avión y siento pánico, miedo y no sé qué hacer.

Tengo calor y por eso he puesto el aire acondicionado. Llego a Madrid, no conozco a nadie, llueve y no viene el taxi al que he llamado. Me bebo un café calentito con una magdalena de fresa hasta que llega el taxi, subo las maletas y después me subo yo.

Entro en la ciudad está todo lleno de personas que no conozco. La ciudad está llena de edificios grandes y pequeños. Hay pocos árboles y pienso, ¿qué hago aquí? Al final creo que me acostumbraré.

 Juan Abraham Ramos Galván

Las manos frías

                 

Voy a ir a comprar al supermercado de la calle que está detrás. Vivo en el útil piso tercero. Digo útil porque tengo muchas cosas que me ayudan a poder vivir. A lo que íbamos, estoy cogiendo el ascensor. Tengo un bastón blanco que siempre llevo encima. He llegado a la puerta. Salgo y veo otro color en la oscuridad del día y la noche. Siento aire que cubre mi pálido rostro. Oigo muchos pasos que se  acercan  y también oigo coches que frenan para no chocar. Tengo que cruzar una calle que me han dicho cómo se llama,  pero ahora no me acuerdo. Siento alguien que me coge, tiene  las manos frías como el hielo, pero lo primero que pienso es que me va a ayudar a cruzar la calle no se qué. He llegado a la entrada del supermercado, entro y dejo de sentir esas manos heladas, se alejan con rapidez. Me imagino que era una pequeña niña rubia con ojos verdes y ropa suave como la seda.

                                                                                                          L.A.M

El Perro

Un día después de cenar vi el hormiguero y me fui a acostar y empecé a recordar de cuando era pequeño; iba con unos amigos por la calle y vi un perro que estaba desnutrido, abandonado y muy malito. Un poco mas allá vimos un cartel donde ponía “SE BUSCA UN PERRO” con la misma imagen del perro.

No paso ni un segundo le dije a mi tío ¿Ese no era el perro que estaba allí? Y él me contestó que sí, entonces marcó el número y llamó, al principio no lo cogian pero después de un par de llamadas contestaron, el dueño del perro preguntó quien era mi tío, y le contó toda la historia. Lle dijo que habíamos encontrado al perro, él se alegro mucho. Después cuando vino a buscarle nos iba a dar 50 € y nosotros no los aceptábamos porque le estábamos ayudándo, y esta ha sido la historia del perro desnutrido.

                                                J.G.R.

Hace dos semanas me he quedado ciega

Hace dos semanas me he quedado ciega, he estado en el hospital, pero hoy he llegado a mi casa, he empezado a caminar con mi nuevo perro. Mañana iré al colegio y no sé  cómo lo pasaré. Voy a necesitar ayuda para moverme por el colegio.

 Hoy al llegar al colegio oigo muchas voces, huelo a algo sucio, me pregunto si serán los baños. Ya llevo tres horas en el colegio y me pregunto cómo bajares las escaleras. Ha sonado el timbre, mi acompañante me conduce hasta las escaleras, pero él tenía tantas ganas de salir al patio  que se olvidó de decirme que había un escalón, me resbalo, siento como me golpean los escalones en la cabeza, siento un escalofrío y me duermo.

                                                                                                                     I.C.D